Ha sido un verdadero bofetón esto de la llegada del invierno a Múnich. Dicen que realmente no existe el frío, si no escasa ropa. Y es que aquí ya se empieza a necesitar abundante ropa para protegerte de las bajas temperaturas, todo tipo de lluvia y fuertes vientos que a más de uno, como aquí el presente, dejó el peinado a lo Tim Burton en sus mejores años mozos.

Bastante receptivo del cambio de tiempo y su mala leche (porque tiene y mucha), los cuales vivo (y no de pasada) día tras día en la calle, gajes del oficio de ser guía turístico de la ciudad, detalle que hace de este trabajo un aventura cotidiana. ¿Quién quiere el calor de una oficina, un taller o un restaurante cuando se puede mantener el cutis del rostro bien terso? El frío de Múnich es el regenerador cutáneo de L’Oreal a lo bávaro sin productos químicos ni grasas animales y, lo mejor de todo, es gratis. Aunque uno viniendo de Segovia, está más que acostumbrado a vérselas con estas pequeñas chiquilladas del tiempo.

Mientras tanto, le doy vueltas y vueltas, y más vueltas a cómo dar forma a este blog. Sobre qué escribir y cómo hacerlo, el diseño, etc. Hoy puede ser un gran día para dejar fluir los dedos por el teclado, tomando inspiración y un descanso de la vida al límite que es la de trabajar como guía turístico y coger inspiración en una de mis cafeterías preferidas de Múnich (en el piso superior de la librería “Hugendubel”), lugar en la ciudad donde empezó todo. De fondo, podréis ver, el “Neues Rathaus” o Nuevo Ayuntamiento y siendo donde empezó todo, así podré empezar a darle forma a este rincón. Qué mejor lugar que éste.

Abrigaos bien y dejaos perder por la ciudad. El sofá es cosa de cobardes.

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