Y lo digo así, y me quedo tan ancho, Freising hubiera sido la actual Múnich. Desde que trabajo como guía de Múnich, Freising está siempre ahí. Inevitable no hablar de ella a la hora de presentar la capital bávara, sus orígenes. Y ahí la tenía, cerca de Múnich, a tan sólo 45 minutos desde la Hauptbahnhof y después de un día duro de trabajo me regalé pasar una buena tarde en Freising.

DSC_6718Contraluz de San Jorge (Kath. Pfarramt St. Georg) desde “Marienplatz”

Había leído sobre ella, nada en profundidad, pero desde el inicio sabía que era una ciudad antigua y que fue un núcleo urbano muy importante pero que hubo acontecimientos que hicieron que perdiera protagonismo en beneficio de otros nuevos que estarían por llegar. Freising goza de buenas excusas para perderte entre sus calles y paisajes, y presume orgullosa de ser fundación de la cervecería más antigua del mundo, la “Weihenstephan”. Casi nada. Y no te imaginas lo que te espera.

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Pero, ¿por qué Múnich y no Freising? Las razones que hay detrás, como siempre, es la economía. El origen de Múnich se debe al comercio de sal que desde Salzburgo salía hacia  Augsburgo y el derecho que obtuvo por parte del Emperador del Sacro Imperio Romano Germano, Federico I “Barbarroja”, el duque bávaro Enrique el León de construir un puente que cruzara el ISar y beneficiarse de ese comercio. El archiconocido fundador de Múnich se encontró ante un problema ya que por entonces existía ya un puente, bajo control por parte del obispo de Freising, que recaudaba impuestos de dicha ruta comercial. Dicho puente se hallaba en “Oberföhring”, territorio bajo control del obispo, y que Enrique el León destruyó para construir uno nuevo más al sur, el puente desde donde hoy se llega desde la “Isartor” (Puerta este histórica de Múnich que da al río Isar). Exacto, el mismo puente en donde está el “Deutsches Museum”. Enrique el León se aseguró el control de se comercio de la sal y ese puente sería la “primera piedra” de la actual Múnich.

DSC_6643Fachada principal de la “S-Bahn” en Freising

Basta ya de hablar, empecemos a movernos y vayámonos a Freising. Como no tengo coche (ni lo necesito) y contamos con un medio de transporte público tan fantástico como los cercanías muniqueses (S-Bahn), la línea directa desde Múnich para llegar a Freising es la S1, azul, siendo ésta la última parada de la línea. Es la misma línea que te lleva al aeropuerto. Pero OJO aquí, muy importante que prestes atención. Si has decidido coger la “S1” habrás visto que en la pantalla de la estación te indica “Flughafen/Freising” (“Flughafen” es Aeropuerto) y ahora mira el plano de la red de transportes de Múnich:

Captura de pantalla de 2015-08-25 07:53:36

El tren no va primero a un destino, y luego al otro, por lo que en la parada “Neufahrn” se para y se dividen los vagones. Los 2 primeros te llevan a “Freising” y el resto irán al Aeropuerto (Flughafen). Así que desde el inicio elige los 2 primeros vagones y a relajarse. También existe la opción de ir en bicicleta, ya que existe una vía verde de 30 kms. que sigue el lateral del río Isar hasta Freising.

Una vez en Freising, desde la estación de la “S-bahn” es muy sencillo dirigirnos hacia el centro histórico, ya que no es que sea una ciudad grande y está todo muy bien indicado. Mi primera impresión fue muy buena, hay mucho por ver y todo en muy buen estado de conservación.

DSC_6675Arquitectura tradicional en la “Obere Hauptstraße “

DSC_6708“Marienplatz”

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“Marienplatz”, detalle de la plaza con el Ayuntamiento (Rathaus) de fondo

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Todo esto cuanto te he enseñado, queridas/os lectores, se encuentra cerquita de la estación de la “S-Bahn” pero te habrá sorprendido que Freising está coronada por una colina con sobresalientes edificios. Esta cima es la llamada “Domberg”, es decir: la montaña de la Catedral, Y allí nos vamos, a ver la famosa Catedral de los Asam. Coge aire y a por las empinadas cuestas, no son muy del estilo “rompepiernas” de Toledo y Segovia pero más de una sudada te arrancarán. IMG_1185Una vez arriba irás directo a la Catedral de Santa María (Dom St. Maria), la reconocerás por dos grandes torres gemelas, muy austeras y de tejado verde, como el resto del edificio blanco. Parece un caserío, y es que por lo general cuanto más austero es el exterior más riqueza aguarda dentro. ¿Qué no te lo crees? entra. ¿Qué te parece, recargada? Imagino que si te has movido por Múnich habrás visitado la “Asamkirche” y quizás ésta te recuerde en cierto modo. Pues los famosos hermanos Asam son los responsables de la decoración del interior. Rococó a gogó. Una delicia de lugar, desde que entré hasta que salí estuve con la boca abierta. No te vayas sin bajar a la cripta, que se encuentra bajo el altar para ver columnas románicas decoradas con todo tipo de escenas y animales fantásticos.

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Y bajo estas líneas imágenes tomadas de la cripta o iglesia de “St. Korbinian” (San Corbiniano) donde se hallan sus reliquias, pero realmente sobrecoge la atmósfera del lugar. A destacar la “Bestiensäule” o Columna de la Bestia, una alegoría (por lo que pude entender) de la Cristiandad luchando contra el mal.

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Desde las 8:00 hasta las 18:00 hrs. es el horario para poder disfrutar de este complejo religioso único.

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Llegados aquí, tras mucho caminar puedo imaginar que el estómago te pida una parada en el camino y degustar una buena cerveza bávara. Yo, por lo menos, sí. Y es que esta pequeña ciudad aguarda y presume de su mejor arma ya que aquí se conserva la primera sede cervecera del mundo. Así, ¿cómo te quedas? A escasos 2,5 kms. del “Domberg” y con un camino de senderismo fantástico se llega a la ” Staatsbrauerei Weihenstephan“, poco queda de aquel convento benedictino y que a día de hoy es una gran universidad y escuelas de formación para la formación cervecera. Así sí, así da gusto.

Se fundó en 1040 d.C., y sigue utilizándose actualmente y hay oportunidad de hacer visitas guiadas, ver las antiguas instalaciones (además de conservar restos arqueológicos de aquel primigenio convento) y poder degustar una buena cerveza “Weihenstephan”. Riquísima.

Pero no todo acaba aquí. De camino a este último punto habrás pasado, tras una rica cuesta, por un restaurante terraza llamado “Lindenkeller”. ¿Otra cerveza? Invito yo, venga. Merece la pena el sitio. Realmente un sitio con buena música, precios muy económicos, atmósfera relajada y gente muy loca y macarra, que hace buena falta.

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Me dejé sin ver bastantes cosas, Freising da para mucho, así que ¿cuándo volvemos?

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