Creo que se ha convertido en una de las fotos de este verano pasado.

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Decenas de jóvenes esperando al tranvía en una de las paradas a lo largo del “Englischer Garten”. Es una foto del “AbendZeitung” del pasado 8 de agosto. Quien haya pasado este maravilloso verano en Múnich habrá quedado satisfecho: mayor número de días de sol, temperaturas altas (demasiadas para los alemanes) y con ello aumento de la felicidad a través de buenos helados, cervezas en “biergarten”, paseos, bicicleta, tomar el sol a lo largo del Isar, etc. Me dejo uno, refrescarse dándose un chapuzón en el “Eisbach” del “Englischer Garten”, ¿quién no lo ha hecho? Dejarse arrastrar por la corriente del canal kilómetros y kilómetros? El problema de hacerlo es, “¿y después cómo vuelvo?”. Fácil, en tranvía. Como en la foto.

Lo llaman el “Eisbach-Tour” y comienza en la “Haus der Kunst” hasta el Puente Tivoli (“Tivolibrücke”), una vez allí toca volver. Pues bien, la “MVG” (empresa de transportes de Múnich) se quejó de los problemas que dieron muchos bañistas volviendo en el tranvía, dejando todo mojado y sucio y que los usuarios no tenían porque sufrir ese desagradable comportamiento por parte de los bañistas (me estoy volviendo muy alemán con este uso Revertiano de las palabras). Y no sólo la suciedad, sino el billete, pues la empresa ponía en duda que bañistas llevaran encima sus billetes, debidamente validados, dentro de los bañadores. “¡Pero sin son alemanes! Seguro!”.

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