Vengo de Segovia, esto ya dice algo. Dice algo porque la educación y cultura en la que crecí es particular. Quizás diferente en algunos aspectos, parecida en otros a otras ciudades o regiones de España. Sobre esto hablo de vez en cuando con aquellas personas que conozco en Múnich, seguramente una de las cosas que más me chocan y que enfrenta todo aquello con lo que crecí y me hizo ser lo que soy y con lo que aquí veo. Eso es: cómo enfrentarnos a la muerte o la relación entre personas y sus cementerios, sus muertos, sus rincones más emocionales.

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Múnich, como ciudad es una hecha de otras tantas más antiguas y con ello sus cementerios, además de los que la ciudad ha creado para enterrar a sus ciudadanas/os, desde los más anónimos a los más ilustres, desde los queridos a los más repudiados. No escribo ahora para recomendaros los cementerios más famosos, ni los que hay en toda la ciudad (que los hay, muchos y para todos los gustos y colores) sino de cómo Múnich y sus gentes se enfrentan a ellos.

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Y son totalmente contrarios a cómo lo hago yo, a cómo se hace de donde vengo. Yo escapo de los cementerios, lugares tristes, a veces llenos de personas tristes. Matizo bien porque quien lea esto de Segovia, o haya estado un tiempo y conozca a alguien, habrá visto y probado una de las prácticas que muchos hemos hecho que es”ir al cemen”, esto es ir a beber. No dentro pero sí a las puertas. Quizás en algo nos parecemos y es en el 1º de noviembre, Día de los Santos o de los Muertos cuando aquí es duelo, como en Segovia, incluso aquí es bien importante el “Tanzen verboten” (prohibido bailar) en la noche del 31 de octubre por respeto a los difuntos.

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Pero durante el resto del año no lo es, los cementerios aquí no son lugares tristes para gente que recuerda tristemente la pérdida de una persona querida. Son lugares de paso diario, de vida y ocio para sus vecinas/os. Aún me impresiona ver cómo se celebran cumpleaños para los más peques y reunirse con otros madres y padres; donde se practica deporte, se pasea, lugares en el centro de Múnich que te dan esa tranquilidad para devorar libros…realemente, convivir con estos espacios y hacerlos más humanos, cotidianos, me hacen sentir menos triste.

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