A finales del 2015 se terminaron las obras de restauración de la iglesia de la Santa Cruz (Heilig-Kreuz-Kirche) en el barrio de Giesing, quizás la reforma más importante tras la reconstrucción que se llevó a cabo en 1974.

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Si no lo había dicho antes lo digo ahora, el barrio muniqués de Giesing es quizás uno de mis lugares favoritos y de vez en cuando me pierdo por sus calles, algunas de las cuales guardan rincones de encanto e historia, mucha historia. Una de los lugares que siempre tenía pendiente era entrar la gran iglesia que desde muchas partes de Múnich se ve y no es de extrañar ya que se sitúa en la parte más alta de Múnich y si añadimos su torre de 95 metros, hace que únicamente las torres de la Frauenkirche la supere por 4 metros.

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Giesing, en el siglo XIX, vivió un rápido crecimiento en población y la antigua iglesia quedó muy pequeña para acoger a todos sus fieles. En 1866 el arzobispo Gregor von Scherr asentó las bases de la iglesia, cuya consagración tardó 20 años después en realizarse, un 31/10/1886. El arquitecto no fue otro que Georg Mannpuppe, muy cercano a Luis II de Baviera y que estuvo en los proyectos de la construcción de Neuschwanstein. Durante la Segunda Guerra Mundial las bombas destruyeron todo el techo y vidrieras de la iglesia.

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Como comenté líneas arriba, tras muchas y necesarias reformas desde finales de 2015 se puede ver la iglesia abierta diariamente (y gratis) hasta las 19:00 hrs. El otro día me pasé por ella y me quedé realmente impresionado por su interior, su luminosidad y selección de ornamentación. Pero de entre todas ellas se me erizó la piel cuando llegué a un Cristo Crucificado, o mejor dicho lo que queda de él, en donde se conserva únicamente las piernas y aún visibles los efectos del fuego, recuerdo de los bombardeos de 1944. Se data en 1463 y fue bendecido en plenas aguas del Isar.

Una buena excusa para acercarse, sin dudas.

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