La cita artística de hoy pretende rescatar al pintor bávaro Carl Spitzweg que vivió la convulsa, revolucionaria, reaccionaria y fascinante Europa del siglo XIX, uno de los representantes del género más representativo de ese siglo que fue el Romanticismo en Baviera cuando ésta no era Alemania ni formaba parte de un imperio, si no cuando fue monarquía independiente bajo los Wittlesbach.

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Carl Spitzweg (1808-1885), Hanfstaengl, Fotographie ca. 1860

Seguramente no esté entre la lista de los artistas románticos por excelencia que diríamos sin pensar como fueron Goya, Friedrich, Géricault, Turner, Delacroix, Alenza, etc., pero sí fue Spitzweg como ellos los que que rompieron y marcaron estilo en el siglo XIX. Su vida ha pasado desapercibida, quizás porque no tuvo una vida tan intensa, marcada por hechos por vicios o escándalos, pero sí por una extensa obra. Puede gozar, a día de hoy, de ser uno de los mejores pintores más importantes de la historia del arte alemán.

Carl Spitzweg nació en Múnich el 5 de febrero de 1808. Estudió en el “Humanistischen Gymnasium” (Alta Escuela Humanística) en Múnich. En 1825, ante la insistencia de su padre, entró en la Farmacia del Doctor Franz Xaver Pettenkoffer donde inició un periodo de formación (tres años como aprendiz y uno como asistente) que habría de durar hasta 1828/29. Paralelamente a esta formación práctica, cursó estudios de Farmacia, Botánica y Química en la Universidad de Múnich.

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“El Alquimista” – 1860 en la Staatsgalerie Stuttgart

Durante las décadas de 1830 y 1840 ejerció como farmacéutico, actividad que compagina con la de colaborador como ilustrador en  publicaciones satíricas, como la Fliegenden Blätter. Su actividad como dibujante e ilustrador se desarrolla principalmente entre 1844 y 1852. Tras una enfermedad, decide dedicarse a la pintura. Su formación como pintor fue autodidacta. Influyeron en él los paisajistas holandeses del sigo XVII. Había dibujado desde los quince años y había frecuentado los círculos artísticos, pero no tenía la formación profesional  como pintor. Aprendió mucho de los contactos con los jóvenes pintores de paisajes de  Múnich, como Eduard Schleich el Viejo, y realizó sus primeras pinturas al óleo en 1834. Su residencia casi permanente fue su localidad natal, Múnich, que no habría de abandonar en periodos demasiado largos a lo largo de su vida. Desde la ciudad bávara, emprendía frecuentes excursiones por las montañas y pequeños viajes a otras ciudades de Baviera y Franconia. En 1845, viaja a Italia. En 1849 a Praga. En 1851 visitó la Exposición Universal de París. En 1856, se estableció durante un corto espacio de tiempo en Berlín. En 1868, fue nombrado miembro honorario de la Academia de Arte de Múnich. Carl Spitzweg, falleció en Múnich el 23 de septiembre de 1885.

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“El ratón de biblioteca” (Der Bücherwurm)- 1850, Museum Georg Schäfer- Schweinfurt-

La obra de Spitzweg se compone principalmente de paisajes y cuadros de género, en los que describe de una manera un tanto humorística la vida de la pequeña burguesía. En su obra, cultiva las escenas de la vida rural y ciudadana, así como el retrato de oficios, ocupaciones, etc… En los que el realismo, fantasía y humor se combinan felizmente. Carl Spitzweg fue seguramente el pintor más irónico del período “Biedermeier”. Aunque él era de familia burguesa, mostró en su obra un realismo cómico, una suave, aunque mordaz sátira política, testimonio de un malestar de mediados del siglo XIX.

Muchas obras de las cuales recogemos unas pocas ero sin duda una es la más famosa y la que nos interesa ya que se encuentra en Múnich:

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“El poeta pobre” (1839, Alte Pinakothek, Múnich)

El poeta pobre” es la obra más conocida del pintor romántico Spitzweg, uno de los últimos representantes del periodo “Biedermeier”. Cuando se expuso por primera vez, el cuadro recibió bastantes críticas porque consideraban que Spitzweg se estaba mofando del noble arte de la literatura. En realidad, puede ser que se estuviera quejando de la penosa situación económica en la que vivían muchos artistas, aunque con un toque de humor, eso sí. Este pobre poeta no tiene ni un solo mueble en su cuartucho. Se ha desprendido de todo, menos de sus libros, su bien  más preciado. A través de la ventana del fondo, vemos los tejados nevados. Debe hacer mucho frío en esa habitación y como no tiene dinero para comprar leña, ni silla y mesa en las que trabajar, se ha metido en la cama para escribir más calentito. Se protege de las goteras del techo con un paraguas abierto, lleno de agujeros, que ha colgado del techo con unas cuerdas (un apaño poco práctico porque el agua acabará escurriendo por los bordes y  se mojará igualmente). Junto a la estufa, vemos un grueso manuscrito con el título  “Operum meorum fasciculum III”, que probablemente acabará quemando cuando no pueda  soportar más el frío. El trapo roto colgado en el tendal, la botella de vidrio que hace de candelabro, las anotaciones en las paredes, la chistera abollada, el abrigo raído… Y el  hombrecillo concentradísimo, ajeno a toda la miseria que le rodea, con la pluma en la boca y  contando las sílabas de su próxima rima con los dedos. ¿O está aplastando una chinche?

Este ilustre descansa en el antiguo cementerio sur de Múnich, muy cerquita de la parada de “u-bahn” Sendlinger Tor.

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Tumba de Spitweg en el “Alten Südlichen Friedhof” de Múnich (Gräberfeld 5 – Reihe 17 – Platz 10/11

¿Por qué no me acompañas a la Nueva Pinacoteca de Múnich y profundizamos en su vida, su obra y el contexto de Múnich en el siglo XIX bajo Maximiliano I y Luís I de Baviera?

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