Seguramente al leer el título a esta publicación te hayas quedado como cuando le das las largas a las liebres conduciendo. Pues así me quedé yo.

Y es que uno no para de sorprenderse desde que pone los pies fuera de casa y más cuando dejas perderte por Baviera y seguir las pistas de un tipo realmente interesante. Es inevitable organizar una visita a Múnich o Baviera y que Luís II de Baviera no salga a relucir pero es que somos víctimas de la publicidad, del “marketing”, y yo lo veo a diario a causa de mi trabajo con tantas personas que vienen a Múnich tan sólo por bajar a los Alpes y visitar Neuschwanstein (“el castillo de Disney”, “lo que hizo el rey loco”, etc.) siguiendo la pista de Luís II.  Yo siempre intento que, a parte, se complete una visita con otros destinos interesantes desde el punto de vista histórico-cultural y menos visitados. Nunca se me ocurriría decir que no vayan a Neuschwanstein porque “¿cómo vamos a volver sin ver el castillo?” pero siempre hay quienes disponen de tiempo y las ganas de curiosear que se pueden permitir perderse.

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Imagen aérea de Herrenchiemsee

Es posible que el tercero en discordia de las 3 construcciones que ordenó construir Luís II sea el nuevo palacio real de “Herrenchiemsee” y no es que más lejos que los otros dos (Linderhof y Neuschwanstein) pero realmente quizás sea uno de mis favoritos al visitar y seguir conociendo a un personaje y su tiempo, su contexto. No pretendo hablar y escribir las mismas lineas sobre Luís II porque ya está escrito mucho pero sí invitar a coger un tren regional (Regio) desde la Hauptbahnhof de Múnich y bajarse en Prien am Chiemsee (es el mismo Ragio que va a Salzburgo) y caminando dirigirse al espectacular lago de Chiem (Chiemsee) para allí coger un ferry y llegar a la isla. Las pocas veces que he ido siempre sorprende cuando vas caminando por el bosque y a un punto se abre ante lo monumental del palacio real que allí Luís II pretendió construir (y que nunca vio terminar y a día de hoy se utiliza como museo dejando ver las partes sin terminary las obras se paralizaron a su muerte hasta hoy).

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Fuente de la Fama en Herrenchiemsee

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Fuente de las Ranas de Herrenchiemsee

Si realmente el Absolutismo francés de Luís XIV (Rey Sol) y Luís XV de Francia fue una aspiración para el monarca bávaro se puede representar de manera reducida en el palacio de Linderhof y sin tapujos aquí, en Herrenchiemsee. Aquí no sólo encontramos una copia prácticamente exacta del Palacio de Versalles en este palacio historicista de 1878. Pero no sólo el palacio francés sirvió de inspiración para esta gran obra sino también tenemos que irnos a 12 kms. de Segovia, a las faldas de Peñalara, para ver cómo el diseño e ingeniería de los jardines del Palacio de la Granja de San Ildefonso serían influencia e imitándose en Baviera. Justamente, frente a la fachada del nuevo palacio de Herrenchiemsee  nos encontramos dos fuentes monumentales (la Fama y la Fortuna) y otra principal que es la Fuente de las Ranas, una re interpretación de la que se puede ver en La Granja (del arquitecto francés René Carlier que realizó el diseño de fuentes y jardines entre 1720/21) conocida como “Fuente de Latona o de las Ranas” que a su vez interpreta la que hay en Versalles de 1666.

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Fuente de Latona o de las Ranas en La Granja de San Ildefonso

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Detalle de la escultura transformándose en rana en Versalles

Tendríamos que irnos a “Las Metamorfosis” de Ovidio en el Libro VI para conocer el relato mítico que trata esta escena. Latona o Leto (dependiendo para la antigua Roma o Grecia) es la hija del titán Ceo y la titánide Febe. Convertida en amante de Júpiter, da a luz dos hijos suyos, Diana y Apolo. Cuando Juno, esposa de Júpiter, se entera de este  embarazo, se ve invadida por una cólera devastadora. Decreta el exilio del universo de  su rival, y prohíbe a todas las tierras acogerla en el momento del parto. Condenada a una huida perpetua, Latona inicia un periplo sin final a través de la Tierra, y consigue  encontrar un refugio temporal en la isla de Delos, donde da a luz a Apolo y Diana.

Con sus dos gemelos apenas llegados al mundo, Latona debe volver a emprender la huida para escapar a la ira de Juno. Durante su huida, Latona llega un día a Licia, una región de Asia Menor situada al sur de la actual Turquía. Exhausta y sedienta, decide detenerse y percibe, al fondo de un valle, un lago en cuya orilla un grupo de campesinos se afana en recoger juncos y algas. Atraída por las límpidas aguas del lago, se acerca para saciar su sed. Cuando se agacha para beber, los campesinos se oponen y le prohíben beber. Latona, sorprendida, intenta calmarlos y les responde de esta guisa:

“¿Por qué me prohibís estas aguas? El agua pertenece a todo el mundo. La naturaleza, buena y sabia, hizo para todos el aire, la luz y las olas. Yo sólo quiero disfrutar de un bien común a todos y, sin embargo, os lo pido como un favor. Mi intención no es refrescar mi cuerpo extenuado, sino saciar mi sed. Tengo la boca reseca y apenas puedo hablar. Esta ola será para mí como un néctar; permitidme utilizarla y reconoceré que os debo la vida. ¡Ah! Dejaros conmover por estos dos niños que, prendidos a mi pecho, os tienden sus débiles brazos». Insensibles a sus súplicas, los campesinos persisten en su rechazo. Ordenan a Latona que abandone el lugar, y para asegurarse de que no pueda beber, se meten en el lago. Remueven el fondo con los pies y agitan el agua con sus brazos, levantando a la superficie una espesa capa de cieno.

Con la cólera, Latona se olvida de su sed y, levantando las manos al cielo, lanza un grito: «¡Que viváis para siempre en el lodo de vuestro lago!». Inmediatamente, su deseo se cumple y la metamorfosis comienza.

Como si hubiesen enloquecido, los campesinos se lanzan de repente al lago: se sumergen y vuelven a salir, para volver a sumergirse, nadan hasta el fondo, salen a la superficie, asomando la cabeza fuera del agua antes de volver a desaparecer de nuevo. Mientras lo hacen, siguen injuriando a Latona, sus gritos se pueden escuchar incluso cuando están debajo del agua. Pero sus voces ya son distintas, sus gargantas se hinchan, sus bocas se ensanchan, sus cabezas se hunden en los hombros, sus espaldas se vuelven verdes, sus vientres se abultan al tiempo que se ponen blancos… Convertidos en ranas, los campesinos de Licia, vivirán para siempre en el lodo de su lago, cumpliendo la condena de Latona.

Una escena mitológica realmente interesante que no sólo se remonta a la literatura clásica romana sino que se ha representado siglos posteriores, no sólo en estos ejemplos de fuentes monumentales, también en pintura:

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“Latona convierte a los campesinos licios en ranas” de Johann Georg Platzer (1731)

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Fragmento de “Latona transformando a los campesinos en ranas” (1665) de Giulio Carpioni en la Staatliche Kunstsammlungen Dresden

Esto nos muestra de la gran referencia política y cultural de Luís II de Baviera. Cada Primero de Mayo el sistema de fuentes “corren” (como lo hacen en verano las de La Granja de San Ildefonso), “Wasserspiele”: para más info mirad en la web del palacio.

Herrenchiemsee da mucho más de sí pero prefiero hacerlo pieza a pieza… Allí nos vemos.

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